La musica nos transforma

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En este vídeo del “bebe que ríe o llora según la música” observamos su respuesta emocional positiva ante la base rítmica de los bongos y su respuesta emocional negativa ante el segundo movimiento del Concierto para Clarinete de Mozart.

“La música es el arte más directo, entra por el oído y va al corazón… Es la lengua universal de la humanidad.”

Astor Piazolla

El oído humano es un Receptor Sensorial cuya función es transformar una modalidad física en Bioelectricidad que después analizará e interpretará psíquicamente el Sistema Nervioso Central.

La corteza cerebral consta de unas áreas específicas para las diferentes sensaciones, representándose el oído en la Corteza Auditiva, en el lóbulo temporal, en las áreas 41 y 42 de BRODMAN, concretamente en la llamada Circunvolución Transversa de HESCHL, la parte del cerebro con la que oímos y tenemos conciencia del sonido. Es en el área de WERNICKE, en la corteza temporal superior, áreas 22, 39 y 40 de BRODMAN donde se lleva a cabo la decodificación auditiva del lenguaje, su comprensión, interpretación y asociación.

Las proyecciones auditivas nos permiten conocer las bases neurofisiológicas que determinan el comportamiento y las emociones provocadas por el sonido.

El sistema auditivo está conectado con el sistema límbico y el complejo amigdalino, tradicionalmente asociado con el sistema emocional del cerebro justificándose así el hecho de que reaccionemos emocionalmente ante los diferentes estímulos sonoros.

De esta conexión entre la corteza auditiva y el área de asociación límbica depende la experiencia agradable o desagradable del fenómeno sonoro.

El psicólogo británico John Sloboda, de la Universidad Keele, relaciona este fenómeno con la capacidad de sorpresa del ser humano. Sloboda asegura que “la base de nuestro comportamiento emocional es la capacidad de respuesta a situaciones que, de algún modo, nos sorprenden”. Ganar la lotería nos produciría una reacción emocional positiva y repentina generando emociones de alegría y recibir la noticia de que un ser querido ha fallecido nos produciría una reacción emocional negativa  y repentina generando emociones de tristeza. “Parece que la música -dice Sloboda- pone en marcha los mismos mecanismos de asombro”. El ser humano, aunque no tenga conocimientos musicales, es  capaz de proyectar ciertas expectativas sobre el fenómeno musical, como si anticipara qué secuencia de notas pudiera venir después. Cuando esas expectativas no se cumplen y la música nos asombra con cambios respecto a lo esperado, provoca una reacción emocional en nosotros.

Terminamos con una alusión a la doctrina de los afectos:

Esta doctrina data del siglo XVII y se basa en que la finalidad de la música consiste en despertar los afectos: amor, odio, alegría, tristeza, miedo…El hecho de concebir la música como un material emotivo potenciador de sentimientos, estimula positivamente la concienciación social de las posibilidades terapéuticas de la música sobre todo en el ámbito de las enfermedades del estado de ánimo.

En el Centro Dionisia Plaza también utilizamos la música como medio para desarrollar la expresión y la respuesta emocional. Trabajamos los estados de ánimo con gestos, dramatizaciones musicales, aprendemos a percibir las sensaciones que nos provoca una música compuesta en  modo mayor (alegría) y una música compuesta en modo menor (tristeza), mediante la audición y mediante el canto.

Aprendemos incluso a ser capaces de expresar nuestros propios sentimientos (alegría, enfado, sorpresa, tristeza…) a través de instrumentos musicales y todo ello de una forma lúdica en la que los niños aprenden a conocerse a sí mismos, a expresar lo que sienten, a desinhibirse y a relacionarse con los demás.

 En relación con el poder de la musicoterapia  hay un cuento infantil que no hemos podido evitar mencionar en esta entrada.  Se trata de Allegro, escrito por Alfredo Gómez Cerdá, ilustrado por Juan Ramón Alonso, musicalizado por Carla Navarro, y publicado por Mr. Garamond (2013) que apoya la Fundación Padre Arrupe.

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Allegro nació como un proyecto destinado a transmitir un mensaje de amor y esperanza a través de la música.

Allegro es además un libro especial en primer lugar porque contiene música. En la contraportada veremos su partitura. DSC_3143

Carla Navarro  ha sido la encargada de crear esta música basándose en sus experiencias como musicoterapeuta en la “Fundación Porque Viven” y la Unidad de Cuidados Paliativos Pediátricos del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús. Los beneficios de la venta de este libro  han sido destinados a colaborar en proyectos de terapias musicales para niños.

Además, Carla Navarro, junto a María Martínez Gil, han realizado diferentes  Talleres  de Musicoterapia y cuentacuentos sobre esta obra con  gran éxito.

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Alfredo Gómez Cerdá tejió la breve historia de los esfuerzos de un niño de 8 años por devolverle la sonrisa a su hermana enferma.

Alejandro tiene una hermana pequeña que se pasa las tardes tocando varios instrumentos y cantando. Él prefirió jugar al fútbol y  resulta que no se le da muy bien. Su hermana es feliz hasta que un día tienen que operarla porque se encuentra mal.  Desde ese momento su sonrisa desaparece y por más que Alejandro lo intenta no consigue que vuelva a ser la de antes. Un buen día decide pedir ayuda nada y más y nada menos que a Papá Noel. El problema es que es verano y Papá Noel no se sabe dónde está. Su llamamiento es recogido por urgencia por el bueno de Papá Noel que estaba en la playa y enseguida se pone manos a la obra para cumplir los deseos de Alejandro. La música va cobrando protagonismo como terapia rehabilitadora… Al final el milagro sucede… El color, y la sonrisa vuelven a iluminar el rostro de la niña.

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