Parentalidad Responsable. Consejo nº5: comportamiento inadecuado

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Tras el parón durante los meses de verano y coincidiendo con el cambio de estación, retomamos las  entradas de la serie de Parentalidad Responsable donde desarrollamos consejos para ser unos padres responsables y eficaces.

Consejo nº 5. Todo comportamiento inadecuado necesita una respuesta.

Cuando un niño se porta mal siempre habrá que responder a ese mal comportamiento. En función del tipo de hecho, nuestra respuesta oscilará entre ajustes breves y sencillos o bien, la aplicación de medidas de disciplina más elaboradas.

Algunas estrategias sencillas que se pueden intentar inicialmente son:

  1. Recordar la norma o límite al niño a veces será suficiente para evitar o parar un mal comportamiento.
  2. Advertir de las consecuencias: informar a un niño qué pasará si hace lo mismo de nuevo puede ser también efectivo. Las advertencias funcionan sólo si se dan una o dos veces. Si repite la advertencia y usted no actúa, su hijo sabrá que no lo dice en serio. Si su hijo se sigue portando mal después de la advertencia, tendrá que tomar medidas más firmes.
  3. Ignorar el comportamiento es también una forma de castigo, especialmente cuando el niño recibe atención o provoca enfados ante ciertos comportamientos negativos. A veces es muy efectivo “hacer la vista gorda” ante pequeñas infracciones (lloriqueos caprichosos, berrinches para llamar la atención, pequeños errores, actos impulsivos por la excitación del momentos, palabrotas, olvidos, etc.). No se deben ignorar las conductas que suponen un peligro para el niño u otros, o si supone un desafío abierto hacia el adulto.
  4. Elogiar por un comportamiento: elogiar a su hijo cuando hace algo bien, aunque otras veces lo haga mal, puede estimularle a hacer lo correcto más a menudo.

 

A veces la disciplina suave no funciona y se necesita una medida más contundente, lo que pasa por averiguar por qué se da el mal comportamiento y establecer los cambios necesarios para evitar que se repita en el futuro.

Primero conviene saber que los niños, habitualmente, se portan mal para satisfacer sus propias necesidades o deseos. En otras ocasiones, su comportamiento inadecuado se produce porque todavía no están preparados mentalmente para enfrentarse a las situaciones. Si la inmadurez física o mental es la causa del mal comportamiento, el adulto debe asumir el control para asegurarse de que su hijo no sufra daño o lo ocasione a terceros.

La curiosidad es muchas veces la causa del mal comportamiento de sus hijos. Si la curiosidad es causa de mala conducta, una acción que obligue al niño a arreglar el daño y una explicación de qué ha hecho mal serán lo más adecuado.

Los adolescentes, sin embargo, se comportan de forma inadecuada para sentirse importantes, ser líderes o ser aceptados en los grupos, demostrar su fuerza, o para llamar la atención de los otros sobre sí mismos.

Necesitamos mostrar a los niños que sus comportamientos tienen efectos y que cuando estos producen un daño o infringen normas establecidas hay que aplicar consecuencias o castigos para que no las repitan.

Una consecuencia o castigo adecuado enseña a los niños a no cometer el mismo error de nuevo y a responsabilizarse de sus acciones. Las consecuencias o castigos eficaces deben cumplir las siguientes reglas:

  • Deben ajustarse a la edad del niño.
  • Deben adecuarse en intensidad al comportamiento a corregir.
  • Centrarse en el comportamiento, no en la persona.
  • Tener algún significado y valor para el niño.
  • Ser inmediato y aplicarse lo más cercanamente posible al comportamiento inadecuado.
  • Servir para enseñarles porqué no deben cometer el mismo error, no para ofender o humillar al niño.
  • Explicar y razonar el motivo de las consecuencias o castigo aplicado.

No conviene abusar de los castigos ya que pueden producir habituación. Si no se combina con métodos positivos de refuerzo de conductas adecuadas, el niño no aprenderá a comportarse correctamente. En el próximo consejo hablaremos de ellos. ¡Os esperamos!

 

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