Parentalidad Responsable. Consejo nº4: disciplina, normas y límites

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En la entrega de este mes sobre la parentalidad responsable, hablaremos de tres principios importantes que deben orientar la educación de sus hijos: la disciplina, las normas y los límites.

La disciplina es una herramienta que utilizan los padres para  que sus hijos adquieran los aprendizajes básicos para construirse como personas y que debe ser aplicada con decisión, firmeza, constancia, y con cuidado y respeto hacia los niños.

Disciplina no significa castigo. El objetivo de la disciplina es enseñar a los niños a hacer las cosas bien; mientras que el objetivo del castigo es enseñarles a no hacer las cosas de una forma incorrecta. La disciplina tiene por tanto, un carácter constructivo y estimulante.

El mal comportamiento del niño no debe contemplarse como un problema grave o como un  fracaso en el proceso educativo. Es una etapa del proceso por el que pasa el niño hasta completar su madurez. Cada ejemplo de mal comportamiento puede ser utilizado  como una oportunidad para practicar la disciplina y alcanzar con el tiempo el aprendizaje de la autodisciplina.

En el pasado, la disciplina se basaba en la autoridad. Los niños no la cuestionaban y  no esperaban explicaciones. Los niños de hoy han crecido en una sociedad democrática y saben que tienen derechos. Ante esto los padres deben explicar y justificar lo que hacen, escuchar a los menores y ser  más receptivos a los puntos de vista de sus hijos.

La disciplina no debe ser contemplada como una amenaza a la relación afectuosa con sus hijos. Todos los padres quieren tener una buena relación con sus hijos, pero es necesario no olvidar la tarea de la disciplina. Unos padres pueden ser muy afectivos y de fácil acceso, pero no deben pretender ser los amigos de sus hijos. Si  se funciona como colega del hijo, puede que resulte más difícil tener éxito en la tarea educativa descrita.

Las normas son reglas que determinan nuestro  comportamiento, nuestras relaciones sociales y de convivencia. Los límites marcan hasta donde deben llegar nuestros comportamientos para que no interfieran en los de los demás.

La normativa que considere importante para su familia requiere un tiempo de elaboración y reflexión personal, no se pueden improvisar. Es necesario también  revisar las normas y límites cada cierto tiempo y asegurarse que tienen importancia y que vale la pena mantenerlas.  Muchos de nosotros podemos discrepar del enfoque de nuestros propios padres en cuanto a la educación que hemos recibido, por eso podemos revisar nuestra experiencia pasada,  aprender cosas nuevas y generar nuevos principios de acuerdo con ello.

Las normas y límites requieren moderación y proporcionalidad, hay que evitar extralimitarse,  e imponer tantos que impidan la libertad del niño.

Es importante ser flexible. Las  normas y limitaciones podrán variar a medida que sus necesidades y las de sus hijos vayan cambiando. Cada edad o periodo de la vida de su hijo requiere de unas normas y de unos límites.

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A lo largo de su experiencia como padres se habrán encontrado en más de una ocasión con la dificultad de hacer que sus hijos cumplan con las normas que les indican. Algo se puede hacer para lograr que obedezcan. Tengan en cuenta lo siguiente:

  • Que sean comprensibles: las normas y límites deben ser establecidas de forma clara y comprensible, utilice instrucciones específicas. Los niños y los adolescentes necesitan saber exactamente qué comportamiento se desea de ellos.
  • Deje que sus hijos se expresen: los niños y, sobre todo, los adolescentes, valoran que se les tengan en cuenta a la hora de establecer limitaciones. Cuando los hijos colaboran, es más probable que obedezcan. Sin embargo, escucharlos no significa que tenga que estar de acuerdo y cambie las normas.
  • Explíqueles por qué: los niños y jóvenes tienden a obedecer más las normas y los límites cuando comprenden las razones.
  • Establecerlas antes de aplicarlas: intente no implantar normas imprevistas. Sus hijos deben saber con antelación las normas y los límites.
  • Recuérdelas periódicamente: los niños y jóvenes, a veces, olvidan las normas, igual que los adultos. Si nota que su hijo ha olvidado una norma, no espere hasta que surjan los problemas, recuérdasela con delicadeza. Pero si su hijo la olvida más de dos o tres veces y su “recordatorio” se convierte en una rutina y/o regañina, trate de ver que está pasando y actúe razonable, firme y consecuentemente.
  • Mejor positivas que negativas: siempre que pueda, intente que sus normas estén construidas de una forma constructiva, esto permite que los niños entiendan claramente el comportamiento correcto: “lávate las manos antes de sentarte a la mesa” en lugar de “no vengas a la mesa con las manos sucias”.
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