Parentalidad Responsable. Consejo nº 6. Con los niños, siempre se consigue más por las buenas que por las malas.

Es lo justo para compartir ...Share on FacebookShare on LinkedInTweet about this on TwitterShare on Google+

Los hijos aprenden más de lo que hacemos que de lo que decimos. Por ello, es necesario intentar ser coherentes entre lo que decimos y lo que hacemos, y si cometemos un error es importante reconocerlo y rectificarlo. Los adultos debemos ser modelos de calma y no responder con gritos más altos que los de nuestros hijos. Tener paciencia cuando les estamos enseñando cosas y en otras situaciones, es modelo de que las cosas no se consiguen de un día para otro sino que hay que persistir.

Para cambiar la conducta de nuestros hijos o la propia, tenemos que plantearnos que ciertos acontecimientos preceden al comportamiento o preparan el escenario para que ocurra.

Pueden ocurrir inmediatamente antes de la conducta o ir acumulándose como gotas en un vaso hasta que éste rebosa, se produce entonces el comportamiento. Este comportamiento conduce a unas consecuencias positivas (la conducta se repetirá) o negativas (la conducta no se repetirá) para el niño o para los padres. Un tipo de consecuencia positiva que mantiene la conducta puede ser simplemente la atención que el niño recibe o la consecución de un objetivo como no hacer la tarea, no comer más, etc. Debemos cambiar nuestro planteamiento de por qué actúa así el niño o qué es lo que logra con su conducta.

Como decíamos en anteriores entradas, no sólo debemos limitarnos a utilizar métodos negativos, como el castigo, para corregir los comportamientos de los niños. El elogio y la recompensa son reforzadores de conducta muy potentes. Deben ir encaminados a reforzar las conductas positivas del niño, que también las tienen, es decir, las que queremos que se mantengan. Los niños necesitan oír que hacen cosas que agradan a sus padres y que se les aprecia por ello. El primer paso es observar e identificar estas conductas.

 Los elogios pueden ser verbales (decirles lo bien que lo están haciendo o lo contentos que estamos por lo que están haciendo…) o no verbales (abrazos, besos, el guiño del ojo, la señal de victoria…), y por supuesto pueden combinarse.

 Los elogios encaminados a reforzar la conducta tienen que ser concretos y específicos, no sería lo mismo decir “te has portado bien” que “te has portado bien porque me has ayudado a comprar”. El elogio debe ser inmediato, especialmente en niños pequeños. Tiene que referirse a comportamientos y no sólo a características de la personalidad. Se debe empezar elogiando los adelantos o las aproximaciones a la conducta deseada, no el producto final. Los elogios deben incluir las emociones de los padres (“me gusta mucho cómo has colaborado hoy en casa”), ser sinceros y no excesivos. No obstante, hay que combinar el elogio con el amor incondicional. Aún cuando el niño no esté haciendo nada de los que pretendemos reforzar en un momento dado debe recibir abrazos, atención, elogios, etc.

A los reforzadores materiales se les denomina incentivos o recompensas (premios). Este tipo de reforzadores proporcionan mucha motivación. Se trata de la vieja regla de “cuando…entonces” que significa “primero haces lo que quiero que hagas antes de poder hacer tú lo que quieres hacer”. El tipo de recompensas  o premios a los que nos referimos van desde regalos o golosinas a salidas extra, tiempo de juego o privilegios de “mayores” como elegir la película o la actividad para el fin de semana, etc.

Para que este sistema sea efectivo, no debe ser una norma que el niño esté recibiendo regalos o privilegios continuamente. Hay que ser claros y específicos en las condiciones bajo las  cuales el niño puede acceder a la recompensa. No entrar al juego del niño si es él el que pide, el poder debe estar siempre de lado del adulto. Al principio los refuerzos deben ser continuos, inmediatos y encaminados a aproximarse a la conducta deseada. Paulatinamente debe requerirse más esfuerzo por parte del niño para acceder al reforzador, hasta que la conducta se haya convertido en un hábito y no sea necesario reforzarla. Al mismo tiempo deben ser recompensas efectivas para el niño y variadas para evitar la saturación. Puede  ser una ayuda confeccionar una lista de las cosas que les gustan a nuestros hijos.

Es lo justo para compartir ...Share on FacebookShare on LinkedInTweet about this on TwitterShare on Google+

One Response to “Parentalidad Responsable. Consejo nº 6. Con los niños, siempre se consigue más por las buenas que por las malas.”

  1. Laura del Pozo

    Muy interesante!. Sois los mejores queridos amigos!.
    Un abrazo!.

    Responder

Deja un comentario